Qué es, cómo afecta al organismo y por qué la vacunación es clave para evitar brotes
El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que, aunque prevenible mediante vacunación, continúa representando un riesgo para la salud pública cuando bajan las coberturas de inmunización. Afecta principalmente a niñas y niños, pero también puede presentarse en adolescentes y adultos no vacunados, con posibles complicaciones graves.
El sarampión es causado por un virus que se transmite fácilmente a través de gotas respiratorias al toser, estornudar o hablar. El virus puede permanecer activo en el aire o sobre superficies durante varias horas, lo que facilita su propagación, especialmente en espacios cerrados.
Tras el contagio, el virus invade el sistema respiratorio y se disemina por el organismo. En la mayoría de los casos comienza como un cuadro similar a una gripe, pero puede evolucionar y provocar complicaciones severas, sobre todo en menores de cinco años, personas desnutridas o con sistemas inmunológicos debilitados.
Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran:
Neumonía
Otitis (infecciones de oído)
Diarrea severa
Encefalitis (inflamación del cerebro)
En casos extremos, puede causar la muerte
Los síntomas suelen aparecer entre 7 y 14 días después del contagio e incluyen:
Fiebre alta
Tos seca persistente
Escurrimiento nasal
Ojos enrojecidos y llorosos
Pequeñas manchas blancas en la boca (manchas de Koplik)
Erupción cutánea roja, que inicia en el rostro y se extiende al resto del cuerpo
La forma más eficaz de prevenir el sarampión es la vacunación, mediante la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubéola y paperas. Esta vacuna es segura, efectiva y forma parte de los esquemas básicos de salud.
Otras medidas preventivas incluyen:
Mantener actualizado el esquema de vacunación
Evitar el contacto con personas infectadas
Cubrirse al toser o estornudar
Lavarse las manos con frecuencia
Especialistas en salud advierten que la reaparición de casos de sarampión está relacionada con la desinformación y la baja vacunación. Mantener altas coberturas de inmunización no solo protege a quien recibe la vacuna, sino también a la comunidad en general.
El sarampión es prevenible. Informarse, vacunarse y actuar a tiempo puede salvar vidas.