San Sebastián, España.— La violencia del narcotráfico está presente en Morro, pero casi nunca aparece de manera explícita. En la nueva película del cineasta mexicano Rodrigo García Saiz, la amenaza permanece como un eco constante mientras la historia centra su atención en quienes sobreviven a ella.
Inspirada en el caso real de un perro que habría sido abandonado por su dueño, un capo mexicano, durante un operativo policial, la cinta llega este viernes al Festival de Cine de San Sebastián, donde se presenta en la sección New Directors. El festival reúne en esta categoría a nuevos realizadores y, en el caso de Morro, se trata del segundo largometraje de García Saiz.
El director decidió alejarse deliberadamente de las imágenes que suelen acompañar las historias sobre narcotráfico: armas, sangre, persecuciones y escenarios dominados por la violencia. En su lugar, construyó una historia de personajes marcada por el duelo, la soledad y la posibilidad de recuperar el sentido de la vida.
“La violencia se siente, pero no se ve”, explicó García Saiz en entrevista con EFE, al señalar que el interés de la película está puesto en aquello que sobrevive después de la violencia.
La historia sigue a Mateo, un veterinario de un pequeño pueblo que vive sumido en el aislamiento después de la muerte de su hijo. Su rutina cambia cuando debe atender a Morro, un perro herido perteneciente a un capo local.
El animal llega con una bala en el cuerpo y Mateo consigue salvarle la vida. A partir de entonces comienza una relación inesperada entre ambos que termina transformando al veterinario.
La sinopsis oficial del Festival de San Sebastián explica que la violencia del lugar permanece latente, mientras Mateo sobrelleva una vida marcada por rutinas silenciosas y una culpa que no logra nombrar. El cuidado cotidiano de Morro genera entre ambos un vínculo sin palabras ni juicios que permite al protagonista recuperar poco a poco el sentido de su vida.
Más que convertir al perro en un simple elemento de la trama, García Saiz lo utiliza como una figura capaz de establecer una relación basada en la confianza y la compañía.
“A veces los perros tienen más empatía que los humanos”, señaló el director a EFE.
Uno de los principales intereses de Morro es desplazar el centro de atención. El narcotráfico forma parte del contexto, pero el protagonista no es el capo ni quienes participan directamente en el crimen organizado.
El centro de la historia es un hombre que intenta sobrevivir a la muerte de su hijo y encuentra, inesperadamente, una razón para volver a relacionarse con el mundo.
El Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) describe la película como una historia en la que una población afectada por el crimen organizado, un hombre devastado por sus recuerdos y un perro herido se encuentran para construir una relación que abre la posibilidad de cierta redención.
“El narcotráfico es algo que nos persigue en México y ante lo que no podemos cerrar los ojos, pero yo he querido abordarlo de otra manera”, explicó García Saiz.
El cineasta también ha planteado que México no puede reducirse a las historias de violencia y narcotráfico, una preocupación que atraviesa la película y que lo llevó a buscar una aproximación distinta al tema.
La película fue rodada en Singuilucan, Hidalgo, en un entorno de paisajes verdes que contrasta con la violencia que permanece debajo de la superficie.
El Imcine destaca precisamente el uso de esos espacios, con una fotografía que aprovecha los verdes y los tonos oscuros para construir una atmósfera en la que el peligro nunca desaparece por completo.
García Saiz buscó así “la luz en la oscuridad”, alejándose de los paisajes desérticos y de los ambientes sórdidos que con frecuencia aparecen en las películas relacionadas con el narcotráfico.
El resultado es una película que combina elementos de drama, suspenso y una mirada íntima sobre la pérdida.
La presencia de Gustavo Sánchez Parra como Mateo añade otra conexión particular con la historia del cine mexicano.
El actor participó en Amores perros, la película dirigida por Alejandro González Iñárritu en 2000, donde interpretó a un joven relacionado con las peleas clandestinas de perros.
Ahora, más de dos décadas después, Sánchez Parra vuelve a compartir protagonismo con un perro, pero desde un papel completamente distinto: interpreta a un veterinario que se dedica a salvar y cuidar al animal.
La coincidencia no pasó inadvertida para García Saiz, quien buscó además que la relación entre el actor y el perro fuera lo más natural posible. Para ello, eligió un animal sin entrenamiento profesional para actuar, con la intención de generar una interacción genuina frente a la cámara.
La propia película juega así con una inversión de aquella relación: si en Amores perros los animales estaban vinculados a la violencia humana, en Morro uno de ellos se convierte en el punto de partida para recuperar la humanidad perdida.
La película mexicana no pretende negar la existencia de la violencia, sino cambiar el punto desde el que se observa.
En lugar de mostrar al espectador el momento de la tragedia, García Saiz se concentra en sus consecuencias: un padre que perdió a su hijo, un animal herido y una comunidad en la que el miedo permanece como parte de la vida cotidiana.
“México es más que violencia”, ha señalado el director, quien reconoce que existe un cansancio frente a la constante representación del país desde el narcotráfico.
Esa contradicción es precisamente la que intenta explorar Morro: hablar de una realidad que no puede ignorarse, pero hacerlo desde una historia de empatía, cuidado y reconstrucción.
Morro es el segundo largometraje de Rodrigo García Saiz, después de Lluvia, y llega a San Sebastián como parte de New Directors, una sección dedicada a descubrir nuevas voces cinematográficas.
La película tiene una duración de 95 minutos y cuenta en su reparto principal con Gustavo Sánchez Parra, Anna Díaz y Ernesto Meléndez. Fue producida por Central Films, The 42 Film y Calouma Films, con fotografía de Alfonso Herrera Salcedo.
Además, Morro forma parte de las películas candidatas al XII Premio de la Cooperación Española, un reconocimiento dotado con 10 mil euros cuyo ganador será anunciado durante la clausura del festival el 26 de septiembre.
En San Sebastián, la película llega con una propuesta que evita convertir la violencia en espectáculo. Su apuesta está en mirar hacia otro lado: hacia el silencio después de la tragedia, hacia quienes continúan viviendo y hacia un vínculo inesperado entre un hombre y un perro que, sin palabras, encuentran una forma de acompañarse.
Porque en Morro, como plantea su director, la pregunta no parece ser solamente cómo mostrar la violencia, sino qué queda de las personas después de que la violencia ha pasado.