KATMANDÚ.— Las labores de rescate tras las devastadoras inundaciones que golpearon el norte de Nepal y la región del Tíbet enfrentan ahora una nueva amenaza: un deslizamiento de tierra formó una represa natural y un lago artificial en el cauce del río Bhotekoshi, lo que obligó a trasladar a zonas más seguras a los equipos que trabajaban cerca de la frontera entre ambos territorios.
El nuevo deslizamiento fue detectado mediante drones de vigilancia a unos 2.8 kilómetros río abajo del embalse de Purepuqiang Tsangpo. La erosión provocada por la primera riada y la acumulación de grandes cantidades de agua favorecieron el desprendimiento de tierra, roca y escombros.
La televisión estatal china CCTV confirmó que el deslizamiento creó una nueva represa y que el agua comenzó a acumularse detrás de ella, generando un lago artificial que podría desbordarse si la contención no resiste.
Ante el riesgo, las autoridades retiraron al personal de rescate que se encontraba próximo al puesto fronterizo de Gyirong, que quedó completamente sepultado por la avalancha de agua, hielo, lodo y rocas.
La amenaza de una segunda inundación complica todavía más una operación de emergencia que se desarrolla en una de las zonas montañosas más difíciles de acceder del Himalaya.
El desastre, ocurrido el miércoles tras una avalancha de hielo y roca que desencadenó una riada de grandes proporciones, ha dejado un saldo de al menos 804 muertos entre Nepal y el Tíbet, de acuerdo con el balance citado por las autoridades locales: 788 fallecidos en Nepal y 16 en territorio tibetano.
Más de 3 mil personas continúan desaparecidas.
Las cifras, sin embargo, siguen modificándose conforme avanzan las labores de búsqueda, recuperación e identificación. El Gobierno de Nepal informó este domingo que había recuperado 734 cuerpos y mantenía un registro de 2 mil 498 personas desaparecidas, mientras que más de 8 mil personas habían sido rescatadas.
Del lado tibetano, las autoridades reportaron 546 personas desaparecidas, entre ellas 261 extranjeros.
La magnitud de la tragedia ha obligado a desplegar a miles de efectivos. Nepal movilizó alrededor de 19 mil elementos de seguridad y 16 helicópteros para apoyar las labores de búsqueda, rescate y asistencia.
Los principales esfuerzos se concentran en Rasuwa, Timure, Trishuli y Dhunche, algunas de las zonas más golpeadas por la crecida del Bhotekoshi.
Uno de los mayores desafíos se encuentra bajo tierra.
Decenas de trabajadores permanecen atrapados en túneles pertenecientes a presas y centrales hidroeléctricas ubicadas a lo largo del cauce del río Bhotekoshi. Equipos especializados comenzaron a perforar la roca para intentar abrir paso hasta las personas atrapadas en instalaciones de Rasuwa y Nuwakot.
Hasta el momento, los rescatistas no han logrado acceder a algunos de los túneles.
La destrucción de infraestructura también dificulta el traslado de maquinaria y personal hacia las zonas afectadas. La avalancha y posterior inundación arrasaron caminos, puentes, viviendas y diversas instalaciones vinculadas a la generación hidroeléctrica.
La situación ha obligado a recurrir a especialistas internacionales con experiencia en rescate en espacios confinados.
Mientras continúan las operaciones de emergencia, la ayuda internacional comenzó a llegar a Nepal.
Diez vuelos procedentes de India, Estados Unidos, Omán, China y Corea del Sur aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Tribhuvan, en Katmandú, con suministros y apoyo para las tareas de emergencia.
China reforzó su participación con el envío de dos aviones de transporte Y-20 de su Fuerza Aérea, que trasladaron 13 mil 200 piezas de suministros de emergencia. También llegaron especialistas chinos en rescate de túneles para apoyar a los equipos nepalíes.
El Ministerio de Exteriores de Nepal confirmó que especialistas procedentes de India, China y Corea del Sur se incorporaron a las operaciones, especialmente para intentar localizar y rescatar a personas atrapadas en túneles.
La asistencia extranjera llega mientras las autoridades intentan mantener abiertas las rutas de acceso y atender a las comunidades que permanecen aisladas.
La inundación fue desencadenada por el colapso de una masa glaciar en la región del Himalaya, que provocó una avalancha de hielo y roca y posteriormente una enorme corriente de agua, lodo y escombros.
Investigaciones iniciales apuntan a que el colapso glaciar generó una rápida descarga hacia el sistema del Bhotekoshi, provocando la crecida que arrasó asentamientos e infraestructura a ambos lados de la frontera.
La tragedia también ha reavivado la preocupación sobre la creciente vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya ante el deshielo, la inestabilidad de los glaciares y los fenómenos extremos. Científicos han advertido que el calentamiento de la región puede favorecer condiciones que aumenten la frecuencia o intensidad de algunos riesgos relacionados con glaciares y lagos de origen glaciar, aunque determinar la influencia exacta del cambio climático en este desastre requiere estudios adicionales.
“El Gobierno de Nepal es el guardián de todos y cada uno de los ciudadanos afectados por la crisis provocada por la inundación en el río Bhotekoshi, en Rasuwa”, afirmó el primer ministro Balendra Shah, quien prometió asistencia para las personas afectadas y una reconstrucción que continuará hasta completar la recuperación.
Pero antes de reconstruir, los equipos de emergencia enfrentan una tarea todavía más urgente: localizar a miles de desaparecidos, rescatar a quienes permanecen atrapados y evitar que las nuevas acumulaciones de agua provoquen otra catástrofe.
El nuevo lago artificial formado por el deslizamiento en la frontera tibetana representa ahora uno de los principales riesgos. Mientras los especialistas evalúan la estabilidad de la represa natural, los equipos de rescate han tenido que retroceder temporalmente para proteger sus propias vidas.
En una región ya devastada por una de las peores inundaciones de los últimos años, el temor es que la montaña vuelva a ceder y desencadene una segunda ola de destrucción.