Últimas Noticias
Hoy es Jueves 03 de Septiembre 2026
Síguenos
MUNDO
El Niño se intensificará a finales de 2026 y elevará el riesgo de calor extremo, sequías e inundaciones
Por Redacción, 03 de Septiembre del 2026
La OMM prevé que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte y persista hasta febrero de 2027; sus efectos podrían alterar las lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo

El fenómeno de El Niño se encuentra ya establecido y continuará fortaleciéndose durante los próximos meses, hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026, advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

De acuerdo con la actualización más reciente del organismo, existe una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista entre septiembre y noviembre de 2026 y durante el periodo de diciembre de 2026 a febrero de 2027. Aunque el fenómeno alcanzaría su máximo hacia el cierre de este año, sus efectos sobre las temperaturas y las precipitaciones podrían prolongarse durante buena parte de 2027. 

La intensificación ocurre en un contexto de temperaturas excepcionalmente elevadas en el Pacífico tropical. En la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial, las temperaturas superficiales del mar se encuentran muy por encima del promedio, mientras que debajo de la superficie se han registrado anomalías todavía más extraordinarias.

Según la OMM, durante julio y principios de agosto algunas zonas subsuperficiales del océano llegaron a registrar temperaturas superiores en más de 8 grados Celsius respecto al promedio. El índice Niño 3.4, uno de los principales indicadores utilizados para monitorear El Niño, también mostró un marcado incremento durante el verano boreal de 2026. 

¿Qué es El Niño?

El Niño es una de las dos fases del fenómeno climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural que se origina en el océano Pacífico tropical y que modifica la circulación atmosférica.

Durante un episodio de El Niño, las aguas superficiales de la zona central y oriental del Pacífico ecuatorial se calientan de manera anómala. Este calentamiento modifica los patrones de viento, nubosidad y precipitaciones, provocando efectos que pueden sentirse a miles de kilómetros de distancia.

El fenómeno no aparece con una periodicidad exacta, pero históricamente se presenta aproximadamente cada dos a siete años. Su contraparte es La Niña, caracterizada por un enfriamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial.

Mientras El Niño es la fase cálida del ENOS, La Niña corresponde a la fase fría. Los episodios de El Niño pueden prolongarse alrededor de un año o más, mientras que La Niña puede persistir durante varios años.

El nombre El Niño tiene su origen en pescadores y marineros de las costas de Sudamérica, quienes observaron que una corriente de agua cálida aparecía cerca de Navidad y afectaba la disponibilidad de peces. La denominación hacía referencia al Niño Jesús.

Un fenómeno que puede elevar la temperatura mundial

El Niño suele tener un efecto de calentamiento sobre la temperatura media del planeta, aunque sus consecuencias no son iguales en todas las regiones.

La OMM advierte que el episodio actual se desarrolla en un planeta que ya registra temperaturas oceánicas y terrestres excepcionalmente altas. Por ello, la combinación entre El Niño y el calentamiento provocado por el cambio climático puede aumentar el riesgo de temperaturas extremas.

El organismo subraya, sin embargo, que un El Niño muy fuerte no significa automáticamente que todos los países vayan a experimentar condiciones extremas. La intensidad del fenómeno es solamente uno de los factores que determinan sus efectos regionales; también influyen otros patrones climáticos, incluidos los comportamientos de los océanos Índico y Atlántico. 

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) también estima que existe una probabilidad superior al 90 % de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno de 2026-2027. 

Lluvias intensas en unas regiones y sequía en otras

Uno de los principales efectos de El Niño es la redistribución de las precipitaciones.

El fenómeno suele asociarse con un aumento de las lluvias y el riesgo de inundaciones en algunas zonas de Sudamérica, África oriental y el sur de Estados Unidos. En contraste, puede favorecer condiciones más secas en regiones como Australia, Indonesia, el sur de África y algunas partes del sur de Asia.

La respuesta climática, sin embargo, cambia dependiendo de la época del año y de la región. Por ello, los especialistas advierten que no es posible utilizar El Niño por sí solo para predecir que una determinada ciudad o país sufrirá una inundación, una sequía o una ola de calor.

Para septiembre-noviembre de 2026, la OMM prevé temperaturas superiores a lo normal en prácticamente todas las regiones terrestres del planeta y patrones de precipitación significativamente influenciados por el fuerte El Niño.

Impacto en agricultura, agua y alimentos

Las alteraciones en las lluvias pueden tener consecuencias directas sobre la producción agrícola y la disponibilidad de agua.

Las sequías prolongadas pueden reducir las cosechas, afectar al ganado y disminuir las reservas de agua para consumo humano y actividades productivas. En las regiones donde El Niño favorece lluvias intensas, por el contrario, existe un mayor riesgo de inundaciones, deslaves y daños a cultivos e infraestructura.

Estos efectos también pueden trasladarse a los precios de los alimentos. Una reducción significativa de la producción agrícola en determinadas regiones puede generar presiones sobre los mercados y afectar especialmente a las comunidades que dependen de la agricultura para su alimentación y sus ingresos.

La preocupación aumenta en países y regiones que ya enfrentan estrés hídrico o que cuentan con sistemas agrícolas particularmente vulnerables a las variaciones climáticas.

¿Qué puede ocurrir con los huracanes?

El Niño también modifica las condiciones atmosféricas relevantes para la formación de ciclones tropicales.

En el Atlántico, los episodios de El Niño suelen estar asociados con una menor actividad de huracanes debido al aumento de la cizalladura vertical del viento, un factor que puede dificultar la organización de las tormentas.

La NOAA señala que el El Niño actual podría continuar interfiriendo con las condiciones favorables para una temporada atlántica más activa. No obstante, el comportamiento de los ciclones depende de múltiples variables oceánicas y atmosféricas, por lo que El Niño tampoco determina por sí solo el número o intensidad de los huracanes.

El Niño no significa necesariamente una catástrofe

Ante la preocupación por la intensidad prevista para este episodio, la OMM ha insistido en que un El Niño muy fuerte no equivale automáticamente a una catástrofe mundial.

El organismo internacional señala que los gobiernos y servicios meteorológicos cuentan actualmente con sistemas de monitoreo, pronósticos y alertas tempranas que permiten anticipar algunos de sus posibles efectos.

La prioridad será utilizar esa información para preparar a las comunidades, especialmente en sectores sensibles como agricultura, agua, salud, energía y gestión de riesgos.

El objetivo, según la OMM, es evitar que los fenómenos meteorológicos extremos asociados con El Niño se conviertan en crisis humanitarias mediante una preparación anticipada y respuestas adaptadas a cada región. 

Un fenómeno global con efectos locales

El Niño que se desarrolla en 2026 será observado de cerca durante los próximos meses debido a la combinación de tres factores: el rápido calentamiento del Pacífico tropical, la posibilidad de que alcance una intensidad muy fuerte y el contexto de calentamiento global.

Aunque su máxima intensidad se espera hacia finales de este año, los pronósticos indican que permanecerá activo al menos hasta febrero de 2027. Esto significa que sus consecuencias podrían continuar modificando los patrones de lluvia y temperatura mientras gobiernos y comunidades enfrentan simultáneamente otros factores climáticos.

La principal advertencia de los especialistas no es que El Niño vaya a provocar el mismo desastre en todo el planeta, sino que aumentará la probabilidad de condiciones climáticas extremas en distintas regiones y temporadas.

Por ello, el seguimiento de los pronósticos y la preparación local serán determinantes para reducir los impactos sobre la población, los cultivos, los recursos hídricos y la infraestructura durante los próximos meses.

La nota está planteada con enfoque de actualidad y servicio, y distingue entre los efectos que son más probables a escala regional y la idea errónea de que un El Niño “muy fuerte” significa necesariamente un desastre en todo el mundo.

Con información de: Redacción
OTRAS NOTAS DE INTERÉS
Trump rebautiza el Lago Ontario como “Lago América” en Google Maps de Estados Unidos
Tarjetas de crédito: aliadas de tus finanzas cuando se usan con responsabilidad
Del físico a la salud mental: así se convirtió el gimnasio en parte de la identidad de los jóvenes
¿Qué significa que aparezcan hormigas en casa? Estas son las interpretaciones espirituales más populares